TEMA 16. REDES SOCIALES Y MENORES. CONDUCTAS DE RIESGO EN INTERNET.
Realizado por: Celeste Gallego Francés, Cristina Goday Gómez, Irene Cabezas Bascuñana, Marta Gómez González
El tema de las redes sociales y los menores me parece especialmente importante porque forma parte de la vida cotidiana de nuestra generación desde que éramos pequeños. Hoy en día, prácticamente todos los adolescentes utilizan redes sociales a diario, llegando a pasar entre 3 y 4 horas en plataformas como TikTok o Instagram. Esto hace que no sea algo puntual, sino un elemento central en su desarrollo personal y social. Además, aproximadamente uno de cada tres menores ha vivido alguna experiencia negativa en internet, como ciberacoso o presión social, lo que demuestra que no estamos ante un problema aislado.
Por un lado, creo que es importante reconocer que las redes sociales también tienen aspectos positivos. Permiten comunicarse fácilmente, mantener relaciones, encontrar apoyo social e incluso acceder a información y recursos útiles. En mi caso personal, muchas veces he utilizado redes para mantener el contacto con amigos o para informarme sobre temas de interés. Sin embargo, siento que muchas veces se nos ha enseñado a usarlas sin una verdadera educación digital detrás, como si fuéramos “nativos digitales” que ya saben todo por el simple hecho de haber crecido con estas tecnologías.
Por otro lado, los riesgos me parecen bastante preocupantes, sobre todo a nivel psicológico y social. Las redes están diseñadas para generar adicción a través de la gratificación inmediata, lo que tiene relación con la liberación de dopamina y puede afectar al control de impulsos y la concentración. Esto me hace pensar en cómo muchas veces cogemos el móvil casi sin darnos cuenta o pasamos horas deslizando contenido sin un objetivo claro. Además, el uso excesivo puede influir en el pensamiento crítico, la tolerancia a la frustración e incluso en el rendimiento académico.
Otro aspecto que me ha llamado la atención es el proceso de búsqueda de identidad en los jóvenes. La adolescencia ya es una etapa complicada, y el hecho de exponerse constantemente en redes puede aumentar la inseguridad o la necesidad de aceptación. A esto se suman los algoritmos, que deciden qué contenido vemos en función de nuestros intereses, buscando mantenernos el mayor tiempo posible conectados. Esto puede generar burbujas informativas y hacer que solo veamos una parte de la realidad, reforzando nuestras ideas y limitando nuestra capacidad crítica.
También me parece muy importante el tema de las señales de alerta, como cambios de humor, aislamiento social, uso excesivo por la noche o secretismo digital. Creo que muchas de estas conductas se ven normalizadas, cuando en realidad pueden estar indicando que algo no va bien. Desde mi punto de vista, no se trata de demonizar las redes, sino de saber detectar cuándo su uso deja de ser saludable.
En cuanto a la educación, creo que la clave está en la prevención y en la formación. Trabajar la autoestima, el pensamiento crítico y la seguridad digital en el aula puede ayudar mucho a que el alumnado haga un uso más responsable. Además, me parece fundamental implicar a las familias, ya que cuando hay una buena comunicación entre escuela y hogar, los resultados son mucho mejores.
Como futura maestra, este tema me hace reflexionar bastante sobre mi papel. No se trata solo de enseñar contenidos, sino de preparar a los alumnos para un mundo digital que ya forma parte de su vida. Me gustaría poder ayudarles a entender cómo funcionan las redes, a proteger su privacidad y a desarrollar una actitud crítica ante lo que ven. Porque al final, las redes sociales no van a desaparecer, pero sí podemos aprender a utilizarlas de una forma más consciente y segura.
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